El Periódico
Los gobiernos de Zapatero han tratado de estabilizar las plantillas tras el frenazo de la época de Aznar.
Hay un empleado público por cada ocho personas en activo, frente a las cinco de Francia o el Reino Unido.
La estabilidad en el empleo público ha convertido a los funcionarios, en un momento de crisis y pérdida de puestos de trabajo como el actual, en uno de los principales colectivos de trabajadores a los que se le exige un «esfuerzo de solidaridad», ya sea con recortes de sueldos o con una reducción de la plantilla. El tópico fácil dice que en España sobran funcionarios, sin especificar a qué se dedica la mayor parte: trabajos vinculados al mantenimiento del Estado del bienestar, como la sanidad, la educación, la seguridad, la justicia y los servicios sociales. Pero la imagen del burócrata persiste sobre las demás y sitúa indefectiblemente a la función pública española en el disparadero, cuando no es precisamente una de las más numerosas de Europa, al contrario. Otra cosa es el nivel de eficiencia y eficacia.






