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El Banco Central Europeo muestra una “incertidumbre considerable” sobre el futuro de la recaudación local española por el carácter transitorio del auge de los ingresos derivados del urbanismo. Y critica los planes anticrisis.
Más voces de alarma. La merma de la recaudación pública que ha acarreado el pinchazo inmobiliario no ha pasado desapercibida para analistas y organismos internacionales. Como el Banco Central Europeo (BCE), que lamenta “el deterioro de las perspectivas para las finanzas públicas” españolas. En su último boletín mensual, el BCE critica la excesiva dependencia urbanística de los ingresos locales y regionales, y constata una “incertidumbre considerable en torno al carácter transitorio de una parte sustancial del acusado crecimiento de los ingresos públicos observado en los últimos años (vinculado al auge del sector inmobiliario)”.
De hecho, en 2008 las arcas locales, regionales y estatales dejarán de ingresar 15.896 millones de euros, con respecto a 2007, por la caída de la construcción residencial. Percibirán un 41,08% menos que el año anterior en concepto den impuestos que gravan la actividad del sector, según los cálculos del Instituto de Práctica Empresarial (IPE).
El BCE indica, además, que “el deterioro” está asociado, principalmente, al debilitamiento de la economía, pero también al paquete de medidas discrecionales de estímulo fiscal aprobado por el Gobierno en abril”.
Así, las acciones contra la crisis lanzadas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, “junto con los efectos retardados de la reforma del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y del Impuesto de Sociedades aprobada en 2007, se traducirían en una pérdida estimada de ingresos de más del 1% del PIB en 2008, y una nueva caída en 2009”. Las estimaciones del IPE prevén, en efecto, un descenso de la recaudación pública de alrededor del 1,4% del PIB actual.
También la agencia de calificación Standard & Poor’s alerta de que los recursos locales “son significativamente dependientes” del vigor urbanístico, ya que llegaron a suponer en 2004 hasta el 2,8% del PIB español.






