El Mundo
Miguel Blanco sufrió un infarto cerebral el pasado mes de noviembre. En plena convalecencia casi le da otro shock al recibir un burofax de la compañía de distribución para la que trabajaba: le comunicaba su despido porque había dejado de ser "productivo" para la compañía.
Este joven de 35 años, que sigue acudiendo tres días por semana a un centro especializado en daños cerebrales, se había incorporado a la plantilla hacía poco más de un año, previo chequeo médico que no detectó ninguna anomalía. Tras el ictus, el primero que le daba en su vida, recibió la visita del facultativo de la empresa, primero en el hospital y luego en casa.






